sábado, 7 de septiembre de 2013

A salvo...




A Tí te entrego todo, los ídolos que adoré, mis tesoros de oropeles por tanto tiempo defendidos, dulce sacrificio de sueños de culpa, recipientes de dolor y miedo. A cambio de tan ‘valiosa’ dádiva, lo que tu Voluntad dispone para mí, un instante eterno y presente de Inocencia inmaculada, completamente libre de dolor y completamente a salvo de todo sufrimiento. 

He aquí mi ofrenda en este instante, donde están contenidos todos los instantes, pues ya no deseo que ni uno solo de mis sueños infelices demore la llegada del recuerdo del Amor. Paco Mingorance